La necesidad de Cambio
La Educación venezolana, en general, como todo en nuestra sociedad, no ha escapado al proceso revolucionario que en materia política y social, tiene cabida en los últimos quince años en nuestro país. Han habido aciertos y desaciertos en todo lo que en materia educativa ha regido estos años.
Si analizamos los sistemas imperantes a finales del
siglo XX en Venezuela, podríamos hablar de esquemas extremadamente
rígidos, incluso en la educación universitaria, con estructuras de
gobiernos aún mas centralizados y piramidales, infranqueables en
diversos aspectos, paquidérmicos en su crecimiento y supremamente
imposibilitados de satisfacer las necesidades reales de la sociedad. No
estoy entrado a cuestionar si la educación era o no de calidad, pero sí
que la demanda era superior a la oferta y los pensum se correspondían
mas a la tradición que a la necesidad real de complacer un mercado de
crecimiento económico sostenible.
El cambio de milenio trajo para Venezuela una
Revolución ideológica aparente, que comenzó a cuestionar y modificar
todo lo existente. Las buenas intenciones iniciales de masificar la
educación a todos los niveles, desde inclusive los procesos de
alfabetización hasta la municipalización de las universidades,
sucumbieron ante la tentación de utilizar la educación como herramienta
de adoctrinamiento político. Si a las Universidades Autónomas se les
pudiera acusar de poseer estructuras de poder piramidales, pero con
cierta participación democráticas de todos los sectores que la integran;
las nuevas universidades que surgieron o expandieron, son aun peor,
pues son regidas por estructuras centralizadas, dependientes y
políticamente comprometidas. Se creció sin criterios académicos precisos
porque el proyecto nunca fue masificar la educación sino la creación de
militantes. Y esto lo digo con el conocimiento directo porque trabajé
en una de estas instituciones y la instrucción de "arriba" era precisa: "a los camaradas estudiantes no se les aplaza".
Pero también es importante destacar que en este
período se produjo un fenómeno no menos importante: las universidades
privadas lograron vencer el estigma que durante décadas marcaba a sus
egresados, y bajo nuevos estándares de calidad y pertinencia social,
lograron expandirse y captar una buena parte de la oferta insatisfecha.
Otra cosa importante que ha ocurrido, es a
incorporación del conocimiento universitario al servicio comunitario
como requisito indispensable para obtener el título; pero
fundamentalmente como una herramienta de intercambio con la sociedad y
de ayuda solidaria con quien lo necesite. Los estudiantes retroalimentan
así su compromiso y se sensibilizan de forma consciente con lo social.
Así que es común que los venezolanos cuestionemos
duramente todo lo que pasa en nuestro país; es común que nada sirva, y
la realidad puede que a veces nos dé la razón. Pero yo prefiero ver el
vaso medio lleno.
Las universidades autónomas han tenido que enfrentar
diversas luchas para lograr presupuestos justos, defender su autonomía,
procurar mecanismos alternos de autogestión, sin sacrificar la calidad
de la enseñanza. Es decir, la crisis provocada por discrepancias
políticas los ha hecho creativos y más ágiles para responder.
Las Universidades privadas han logrado convertirse en
instituciones de prestigio, con presencia en todo el país, e
incorporando de manera contundente, nuevas herramientas educacionales de
calidad y que permiten opciones de formación diferentes.
Y las universidades oficiales, con todo y los
defectos que se le puedan achacar, han logrado incorporar al mercado
laboral un número de profesionales que ya tendrán la oportunidad de
demostrar la calidad de su enseñanza y de mejorar con estudios de cuarto
nivel. Las universidades en los centros populosos del país, deberán en
su momento, contribuir a cambios importantes en la transformación social
que ha de venir.
El reto de la educación actual es encontrar la manera
de proponer de forma conjunta a la sociedad, un modelo de país; las
universidades como laboratorios ideológicos de una Venezuela
verdaderamente moderna, inclusiva, con futuro. Los jóvenes proponiendo
el país que se merecen. Las universidades promoviendo valores de ética
en todos sus profesionales egresados, más allá de la excelencia de los
conocimientos técnicos. Las comunidades educativas como megáfonos de las
buenas ideas, de solidaridad social, de paz ciudadana.
Los hombres más culto de las
Universidades de principios del Siglo XX construyeron las bases que
permitió a nuestro país dar el salto de la ruralidad a la modernidad.
Hoy podríamos estar necesitando reeditar ese viejo "paradigma".

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